La carretera embrujada (3 Bocas)
Cuando
se empezó a trabajar en la carretera que uniría el Darién con el Este de la
provincia de Panamá; entre la quebrada Cali y el puente del rio bayano que para
ese entonces estaba represándose y formándose el lago que lleva el mismo
nombre; había un tramo de carretera de espesa montaña, pedregoso, polvoriento y
solitario de quizá unos 20 kilómetros de largo.
Este
sector se encontraba protegido contra la desforestación y la cacería, pues era
reserva de la etnia Guna y parte del soporte hidrográfico del lago.
Ese
tramo de carretera era conocido como Tres bocas y quedarte varado allí, era lo
más triste que te podría ocurrir como conductor de mula, camión o simple
viandante. Si por mala fortuna te sucedía eso durante horas del día, serías
pasto para las legiones de mosca Conga, cuya picada es extremadamente dolorosa,
y que por alguna razón habitaban ese sector por miles; sencillamente era casi
imposible cambiar un neumático pinchado allí; sin sumarle los pumas o jaguares
que se movían libremente para aquellos días en ese lugar.
Sucede
que también para las horas nocturnas tres bocas tenia reservado un espectáculo,
aun peor que el descrito, para quien tuviese la desgracia de averiarse allí.
Rubén
P. manejaba una enorme mula Mack color blanco, solía cargar su mesa con seis
enormes troncos de cedros o espavé y los trasladaba desde la selva hasta los
aserraderos en la capital, él era uno entre varios propietarios de este tipo de
equipo pesado, que se dedicaban al acarreo de madera, pero la razón por la que
le menciono es debido a lo que le ocurrió cierto día.
Verán
Rubén, se encontraba en un patio de madera ubicado en los alrededores de Ipeti,
tomando licor y jugando domino o cartas, que eran los entretenimientos
oficiales de los hombres que trabajaban en la extracción de madera; ese día a
las diez y media de la noche luego de una taza de café para despejarse, se
despidió y decidió partir para Panamá. Le recomendaron que se quedará y dejará
el viaje para horas del día, pues la cantidad de madera que llevaba era
considerablemente grande y quedarse varado en el camino de noche, no era
agradable para nadie. Él optó por irse…quizá envalentonado por el alcohol así
que sin más se marchó.
Había
avanzado unos diez kilómetros mas delante de la quebrada Cali, de manera que ya
se encontraba en Tres bocas, cuando escuchó un estruendo en la parte de abajo
del vehículo. Maldiciendo se detuvo en el acto y con una linterna de mano se
bajó a inspeccionar. La avería consistía en que uno de los ejes se había
partido, así que de inmediato sacó las herramientas que necesitaba para
desacoplarlo y se puso manos a la obra, sosteniendo el foco entre sus dientes.
El
silencio de la noche solo se veía interrumpido por los grillos y ranas que
cantaban sincronizados cada cierto tiempo. Le faltaban dos tornillos cuando
escuchó una piedra caer cerca de su bota. Miró hacia atrás ya que se encontraba
acostado debajo de la mula, pero no vio, nada a pesar de que había una buena luna,
continuó con su labor desmeritando el asunto, cuando otra piedra chocó contra
uno de los diferenciales del vehículo, provocando un escándalo y acompañado de
una leve pero audible risita.
_¡Mierda,
me van a joder!_ Pensó y dándose prisa lo más que pudo terminó con el último tornillo,
salió de abajo del vehículo para recoger todas las cosas, pero primero alumbró
con la linterna en dirección a la parte trasera de la mula, y allí estaba… a
uso veinticinco metros había un bulto oscuro agazapado, mirando hacia él; soltó
lo que tenía en la mano pues aquello levantado a cuatro patas, empezó a correr
hacia él mientras lanzaba un escalofriante alarido.
Rubén
subió al vehículo exactamente cuándo aquello que ya podía ver tenia forma
humanoide, dio un brinco sencillamente sobrenatural y desde la carretera quedó
encaramado en el último tronco de la estiba, que superaba por metro y medio el
techo de la cabina.
Rubén
subió a toda prisa las ventanas, terminando exactamente cuando aquella cosa
cayó justo encima del techo y empezó a caminar de un extremo al otro,
seguidamente empezó a golpear fuertemente, como si estuviese saltando, logrando
que el techo se deformara con los golpes. Rubén miraba hacia arriba y veía
claramente los impactos…luego cesó el ruido, no se escuchaba pasos ni golpes,
Rubén pensando que se había marchado, dejó de mirar el techo de la mula y giró
hacia su izquierda y allí estaban esos dos ojos negros y brillantes mirándole,
un cabello largo femenino guindaba cubriendo la ventana, pues ella le observaba
colgada cabeza abajo… sonrió en la más escalofriante forma que puedan imaginar;
Rubén sintió un terror desconocido para él hasta entonces; encendió la mula y
se dispuso a salir de allí, aunque fuese solo con un eje.
El
espectro dio un brinco y empezó a correr delante del vehículo, iluminada por
los focos de éste pudo ver que estaba desnuda, y que solo su largo cabello
grisáceo le cubría parcialmente el cuerpo. Envalentonado intentó atropellarla,
pero ella simplemente y ante los ojos del asustado hombre, se elevó y se acercó
a la ventana del conductor; por instinto giró el timón hacia el lado opuesto en
un intento fallido por eludirla y lo que logró con ello fue enterrar las
narices de la mula con uno de los barrancos del camino. El motor de detuvo en
el acto y Rubén bajó a toda prisa y empezó a correr con todas sus fuerzas en dirección
al puente del bayano, donde siempre había una pareja de soldados de turno. Para
ese momento ya solo la escuchaba correr tras él, debido al ruido que hacían los
pasos en la piedra suelta de la calle y la risa burlona que dejaba escapar; llegaba
a la cima de una colina que se encuentra antes de rio mono, cuando las luces un
pick up, le encandilaron, asustando al conductor y provocando que frenase
abruptamente, pues lo último que esperaba era encontrar a un hombre en esa
oscuridad corriendo sin rumbo fijo.
Repuesto
del susto y apoyándose en la compañía de los tres hombres que ocupaban el pick
up, les contó lo sucedido y estos le brindaron ayuda llevándole de vuelta al
campamento de Ipeti. Hoy día Tres bocas ya no tiene la exuberante vegetación y
fauna de antaño, pero aún existen relatos de personas que han pasado momentos
escalofriantes allí. Algunos dicen que es brujería indígena, para evitar a los
cazadores furtivos, otros dicen que son las animas de los negros muertos del
quilombo del Rey Bayano, asesinados a manos de los españoles, en las riveras
del rio diablo, que no está muy lejos de allí y otros dicen que solo son brujas
sin oficio.
Sea
lo que sea, procure no pasar por allí de noche.


Comentarios
Publicar un comentario